En China se considera al Dragón el líder del Carnaval. Y se cree que quien nació bajo este signo goza de una extraordinaria dosis de buena suerte. El Dragón en un ser vivaz, brillante, ambicioso, resuelto y perfeccionista. Por eso, se encargará de mantener bien alto el nivel de la meta que se fije en su vida.
Contrariamente a lo que muchos creen, no siempre el dinero en su móvil. La riqueza y el prestigio lo impresionan y seducen, por eso buscará llegar a ellos.
Detesta las órdenes, salvo si las da él. Le gusta ser el jefe y no le teme a las responsabilidades; su gran inteligencia y su enorme energía no lo abandonan nunca. No tiene muchos escrúpulos para llegar a la cima, pero una vez allí, nunca se muestra mezquino o despótico.
Le gusta ser el centro de las fiestas y de las reuniones de trabajo. Se siente en su elemento cuando debe confrontar opiniones, dilucidar un problema difícil o resolver una situación tensa. Estas situaciones le generan adrenalina y eso lo estimula.
Es agudo, ingenioso y posee una increíble memoria. Con su encantadora conversación, intenta principalmente divertir a su auditorio; es muy raro que haga ostentación de sus conocimientos o se muestre pedante.
Sin embargo, es tan frontal con sus comentarios que a nadie se le ocurriría postularlo para diplomático. Además es un crítico muy ácido y dice las cosas sin cuidarse demasiado por las futuras consecuencias. Pero cuando alguien le dice algo a él sin agregarle edulcorante, se siente muy herido y pasa mucho tiempo antes de que pueda perdonar esa “ofensa”.
Una de sus grandes virtudes es el valor que le concede la amistad. Nunca abandonará a un amigo con problemas y será el primero en intentar buscar soluciones y tender puentes.
Su curiosidad le permite mover montañas o, en su defecto, escalarlas.
Como posee un gran carisma, muchos se enamorarán perdidamente del Dragón. Su vida se parecerá a una telenovela con encuentros y desencuentros, muchas personas en escena, pero el único protagonista siempre será él. La fidelidad no es algo que lo desvele. A pesar de eso, necesitará que lo admiren y lo halaguen incondicionalmente; no admite medias tintas. El Dragón, por su parte, es tan generoso y romántico que sabe hacerse perdonar.
Para cualquier puesto en que haya que ejercitar el poder del liderazgo y la oratoria, hay que convocar a un Dragón. En altos cargos gerenciales, como dirigente sindical o político, donde haya una tribuna a la cual subirse, un micrófono frente al cual disertar, los Dragones se sentirán felices.
También, pueden elegir el protagonismo de los actores o de los medios de comunicación.